Epilepsia fotosensible: cuando la luz causa convulsiones

Muchos hemos escuchado que algunas caricaturas o películas han causado crisis epilepticas a niños y adultos alrededor del mundo, causando polémicas y solicitudes para la cancelación de dichos programas televisivos; lo cierto es que estas convulsiones se deben a que ciertos estímulos visuales son percibidos con mayor intensidad por las personas con hipersensibilidad a la luz, característica que afecta al 5% de los pacientes epilépticos.

La hipersensibilidad a la luz o fotosensibilidad puede estar o no asociada a la epilepsia, en su mayoría de tipo idiopático y suele tener mayor incidencia en la pubertad. La forma más eficaz para confirmar la presencia de la fotosensibilidad es a través de un Electroencefalograma (EEG) con estímulos luminosos.

Las primeras menciones sobre epilepsia fotosensible datan del siglo I a.C., sin embargo fue hasta después de la invención del EEG en 1946 que se pudo describir y registrar el efecto de los Estímulos Luminosos Intermitentes (ELI) por medio de distintos estudios realizados dentro del contexto de la clinica de epilepsia para brindar un mejor diagnóstico.

Tanto la epilepsia fotosensible como las convulsiones reflejas pueden ser ocasionadas por estímulos sensoriales, motores o cognitivos específicos, las crisis relacionadas con estímulos visuales se conocen como crisis “visuoinducidas” para las cuales la fotosensibilidad no es el único factor: también interviene el patrón de sensibilidad, las figuras geométricas con características espaciales o la estimulación cognitiva compleja y práctica como el movimiento ocular.

La fotosensibilidad se define como el efecto que los ELI (registrado durante un EEG) pueden producir en el cerebro del observador y que constan de estímulos nerviosos conocidos como Respuesta Paroxística (RFP). Al factor conocido como fotoestimulador se le relaciona con luces intermitentes, con frecuencia de 10 a 30 Hz, de color blanco: la luz estroboscópica, usada frecuentemente en películas y caricaturas infantiles, suele ser causa de convulsiones por su efecto acentuado cuando hay ausencia de luz natural.

Cabe destacar que estos efectos lumínicos son capaces de provocar respuesta en sujetos con epilepsia no fotosensible o en personas no epilépticas, pero no deben descartarse trastornos de sensibilidad a estímulos visuales.

La luz artificial no es el único fotoestimulador capaz de ocasionar convulsiones, la luz natural reflejada en objetos con patrones geométricos lineales o cuadriculados puede causar efectos fotosensibles, especialmente si los patrones se encuentran en movimiento: las escaleras eléctricas, las persianas, papel pintado e incluso la ropa estampada son ejemplos.

Causas de la fotosensibilidad

A través de muchas investigaciones se ha reportado factores genéticos como causa principal de la fotosensibilidad, este trastorno afecta a 1 o 2 de cada 100 mil personas; se presenta en 6 niñas por cada 4 niños y en el 5% de epilépticos. Este trastorno puede presentarse de los 2 a los 71 años de edad, siendo de los 5 a los 15 la edad más frecuente aunque suele diagnosticarse entre los 7 y 19 años. En algunos casos la fotosensibilidad desaparece en la edad adulta.

Personas con dependencia al alcohol a las benzodiacepinas suelen experimentar la desaparición repentina de la fotosensibilidad al abandonar el consumo de dichas sustancias.

Epilepsia visuoinducida

En los pacientes con epilepsia visuoinducida, las crisis convulsivas suelen comenzar con trastornos visuales prolongados como alucinaciones o ceguera parcial, a lo que pueden seguir signos como alteración de la frecuencia cardiaca o dolor de cabeza. Los síntomas visuales pueden durar varios minutos tras los cuales sueden suceder convulsiones de tipo tonicoclónicas, que se caracterizan por la rigidez de cuerpo y sacudidas.

Algunas epilepsias fotosensibles se ven afectadas por la luz solar: el reflejo de la luz del solar sobre el agua, la nieve o las calles, al viajar en automóvil o cuando la luz solar se filtra a través de las hojas de los árboles.

La televisión ha sido vista como un factor epileptógeno desde la década del 50 del siglo pasado, cuando se hizo popular su uso; en ese tiempo las imágenes eran proyectadas mediante rayos catódicos que generaban puntos brillantes y luminosos que, a una distancia menor al doble de la diagonal de la pantalla, era capaz de provocar una crisis convulsiva. Para el año de 1992 las televisiones contaban con una mejor frecuencia luminosa con menor brillo.

Los videojuegos, que si bien ocupaban al televisor como monitor, tenían un patrón de imágenes con capacidad epileptógena, los primeros casos se describieron en 1981 principalmente en personas con epilepsia fotosensible aunque también se presentaron en personas sin epilepsia ni fotosensibilidad. Además de los videojuegos, algunas caricaturas infantiles reunieron factores que sometían al espectador a un exceso de excitación visual y con alto contenido de violencia. Los actuales videojuegos se presentan en dispositivos con pantallas de tecnología moderna con menor saturación de patrones lumínicos que ha ayudado a reducir la incidencia en las crisis convulsivas.

Si bien la luz de los monitores de las computadoras es semejante a la de los televisores, la frecuencia de imagen en Hz y la cantidad de patrones visuales es inferior, por lo que se han reportado pocos casos de crisis ocasionada por su uso.

El abuso de ciertos rangos del espectro de color y luces estroboscópicas combinados con la manera de generar la imagen son los estímulos que suelen provocar efectos en el cerebro del paciente fotosensible.

Una vez establecido el diagnóstico de epilepsia fotosensible se realizará una valoración individual en cuanto a datos clínicos por medio del EEG con el que se medirá el grado de fotosensibilidad, posteriormente se seguirá la prescripción médica que el especialista indique así como los cuidados especiales que haya que tener.

Se recomienda el uso de gafas oscuras, polarizadas o con color para proteger la vista del sol; las gafas azules se recomiendan especialmente por la posición que el color ocupa en el espectro de colores. Otra medida es cubrir un ojo cuando se está frente a un fotoestimulador al que se tiene sensibilidad para reducir el riesgo de crisis. Evitar ver la televisión por periodos prolongados, a corta distancia y en habitaciones obscuras y, en general, evitar todo tipo de exposición a los factores que tengan identificados. Con estas simples medidas, los pacientes pueden llevar una vida prácticamente normal.